Solsticios

Los solsticios son los momentos astronómicamente extremos del año y ocurren cuando los polos de la Tierra guardan entre sí la máxima diferencia de distancia respecto al Sol.

Si el eje de la Tierra no estuviera inclinado no ocurrirían solsticios, ni equinoccios. Ni la precesión.

Los solsticios son los momentos de máxima polarización que se refleja tanto térmica como cronológicamente, sobre todo en las latitudes medias o templadas de ambos hemisferios. Térmicamente en relación con la temperatura: calor en un hemisferio y frío en otro, verano e invierno. Y cronológicamente en la diferencia de duración del periodo diurno y nocturno, que puede ser de hasta 8 horas en latitudes a 50º N como el norte de Europa donde vive mucha población humana: 8 horas de día y 16 de noche. Y así 8 de día y 16 de noche a 50º S.

En los solsticios el punto de la esfera terrestre que recibe de lleno los rayos del Sol es el mediodía del paralelo 23.5º del hemisferio correspondiente. Esto se refleja en el firmamento ante la virtual esfera celeste como que la coordenada celeste de declinación del Sol vale 23.5º, es decir que los nodos del ecuador celeste -proyección del plano del ecuador de la Tierra- están a una distancia angular de 23.5º del Sol.

En el solsticio de verano en el hemisferio norte (21 de junio actualmente) o en el de verano en el sur (21 de diciembre actualmente) una persona que vive en el trópico y que llega al mediodía tiene el cuerpo alineado hacia el Sol, lo que se traduce en que tiene el sol en el cénit o está literalmente bajo el Sol y su cuerpo no hace sombra porque está en el mismo plano de la órbita de la Tierra en cuyo centro está el Sol. Medio año después la misma persona a mediodía está 23.5º por encima de dicho plano y por ello ve al Sol más abajo. Se podría pensar que el eje de la Tierra se ha movido pero lo que se ha movido es el planeta que, con el eje fijo, se ha trasladado medio círculo orbital. 

Así, teniendo en cuenta es trayecto semicircular de traslación durante medio año no nos engañamos sustituyéndolo por el movimiento del eje.

Realmente el eje bambolea aunque a un ritmo tan lento que no se nota en una órbita ni apenas en 72 órbitas/años. Su ritmo de bamboleo es de aproximadamente la 1.200ª parte de 1 segundo de arco (entre 1.296.000 segundos de arco de 1 grado), lo que se traduce en 50 segundos de arco cada órbita/año y 1 grado cada 72 órbitas/años, lo que hace que la fecha se desfase 1 día cada 72 años. Esto ya nos introduce en el concepto de la precesión de los puntos solsticiales, el ciclo o año precesional, la siguiente dimensión del tiempo de la Tierra. También, en estos tiempos, desde 1992, se da la coincidencia de que los solsticios ocurren en el punto de la órbita terrestre en el que ésta intersecta con el plano (ecuatorial) de la galaxia, lo cual viene a ser como el equinoccio de la órbita de la Tierra (no del planeta) respecto al plano galáctico. Así en estos tiempos los solsticios ocurren coincidiendo con el equinoccio de la órbita terrestre.

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